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Mostrando las entradas etiquetadas como Siglo XVI

El Anatomista (The Anatomist)

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 EL ANATOMISTA Federico Andahazi (2010) ¿Es posible que exista una llave mágica que abra el corazón de las mujeres? ¿Habría forma de acceder al secreto que gobierna la misteriosa voluntad del amor femenino? «¡Oh, mi América, mi dulce tierra hallada», escribe Mateo Realdo Colombo (o Mateo Renaldo Colón, según consigna la rúbrica hispanizada) en su De re anatómica. No es esta una prorrupción presuntuosa a guisa de ¡Eureka!, sino un lamento, una amarga parodia de sus propios avatares y de su infortunio, proyectada sobre la figura de su tocayo genovés, Cristóphoro. Un mismo apellido y, acaso, un mismo destino. No los une parentesco y la muerte de uno sucede apenas a doce años del nacimiento del otro. La «América» de Mateo es menos remota e infinitamente más breve que la de Cristóbal; de hecho, no excede en mucho las dimensiones de la cabeza de un clavo. Sin embargo, debió permanecer silenciada hasta la muerte de su descubridor y, pese a la insignificancia de su tamaño, no provocó menos...

Una Columna de Fuego (A Column of Fire)

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 UNA COLUMNA DE FUEGO (SAGA “LOS PILARES DE LA TIERRA” PARTE 3) Ken Follett (2017) ¿Hasta qué punto está justificada la muerte o exterminio de un grupo poblacional por el simple hecho de seguir una ideología o corriente religiosa? ¿Dicho basamento religioso tiene entonces la única y última primacía? Lo ahorcamos delante de la catedral de Kingsbridge, el emplazamiento habitual para todas las ejecuciones; porque si no se puede colgar a un hombre ante el rostro de Dios, tal vez eso signifique que no debería estar muerto. El sheriff lo subió desde los calabozos de la cárcel —situada bajo la casa consistorial, la antigua sede del gremio— con las manos atadas a la espalda. Caminaba erguido, con una expresión desafiante en su cara macilenta, con el gesto impávido. La multitud vociferaba mofándose de él, maldiciéndolo entre abucheos, y aunque él parecía no verlos, sí me vio a mí: nos miramos a los ojos, y en ese efímero intercambio de miradas había una vida entera. Yo era responsable de su...

Los Herejes de Oxford (Heresy)

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LOS HEREJES DE OXFORD S. J. Parris (2011) ¿Qué clase de cosas puede hacer una persona en aras de defender la fe en la que cree? ¿Cuán extremos crees que podrían ser esos actos? La puerta exterior se abrió repentinamente con un golpe que resonó en el pasillo, y el suelo de madera se estremeció con el firme paso de numerosos pies. En el interior del cubículo, donde me hallaba sentado al borde de un banco, cuidando mucho de no acercarme demasiado a la boca del pozo negro que se abría a mis pies, la llama de mi pequeña vela se agitó ante la repentina corriente de aire de aquella irrupción, lanzando sombras que danzaron en las paredes de piedra. Allora , me dije alzando la vista. Por fin han venido por mí. El ruido de pasos se detuvo ante la puerta del cubículo y fue sustituido por el furioso golpear del puño del abad contra la puerta acompañado de los gritos de su voz, enronquecida más allá de su tono habitualmente plácido y diplomático. —¡Fra Giordano!, os ordeno que salg...

El Secreto de los Flamencos (The Secret of the Flemish)

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EL SECRETO DE LOS FLAMENCOS Federico Andahazi (2002) ¿Qué tanto podemos filosofar acerca de la esencia del color y su relación con Dios? ¿Es posible que el color sea la frontera que separa a Dios del mundo sensible que nos rodea? Una bruma roja cubría Florencia. Desde el Forte da Basso hasta el de Belvedere, desde la Porta al Prato hasta la Romana. Como si estuviese sostenida por las gruesas murallas que rodeaban la ciudad, una cúpula de nubes rojas traslucía los albores del nuevo día. Todo era rojo debajo de aquel vitral de niebla carmín, semejante al del rosetón de la iglesia de Santa María del Fiore. La carne de los corderos abiertos al medio que se exhibían verticales en el mercado y la lengua de los perros famélicos lamiendo los charcos de sangre al pie de las reses colgadas; las tejas del Ponte Vecchio y los ladrillos desnudos del Ponte alie Grazie, las gargantas crispadas de los vendedores ambulantes y las narices entumecidas de los viandantes, todo era de un rojo...

La Sangre Dorada de los Borgia (The Golden Blood of the Borgia)

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LA SANGRE DORADA DE LOS BORGIA Françoise Sagan, Etienne De Monpezat y Jacques Quoirez (1977) ¿Hasta dónde puede llegar el amor entre dos hermanos? ¿Qué tan delgada o qué tan gruesa es la línea que separa el amor fraternal del amor pasional? Podría decirse que todo empezó por un final. Y fue durante la noche del 25 al 26 de julio de 1942… Pese a la continua agitación que mueve en todos sentidos a la multitud que rodea el lecho del enfermo, un extraño silencio se produce en la cámara. Todos han comprendido. Esta vez el hombre alcanza las fronteras del mundo de los cuerpos y el mundo de las almas. Y todos, ante la inminencia del acontecimiento, ponen una involuntaria sordina a la excitación de sus comentarios. Un grupo de monjes, a la izquierda de la puerta, prosigue el recitado interrumpido un instante. Unas religiosas, sabiamente alineadas a lo largo del muro, con los ojos bajos y las manos juntas, salmodian una oración casi silenciosa. Uno de los médicos acaba ...